y 6. España, México, regreso y muerte en Praga de Otto Katz

by Javier Rubio Navarro

Apartados: En resumen – El informe Smeral – La agencia España – Louis Fischer – En México y el regreso a Praga 

En resumen

En su autobiografía, Koestler construyó un Münzenberg y un Katz a su medida. No escapó a las leyes de hierro del discurrir narrativo. Una vez enmarcados en la trama, los buenos mejoran y los malos empeoran. Con ayuda de las circunstancias de la guerra fría, cuando se condensó su mito, se hizo de Münzenberg un genio de la propaganda política, un magnate de la prensa de izquierdas con una facilidad natural para ganar dinero y reinvertirlo, un promotor de las tendencias estéticas modernistas, un disidente del estalinismo, un precursor de los frentes populares, más luchador antifascista que estalinista. Fue, sin duda un propagandista ambicioso y osado. El resto son exageraciones y en lo económico es más cierto lo contrario. Pero es lo que quedó en el mito.

El castillo de naipes, todo lo espectacular que se quiera por sus tiradas e influencia, que era el entramado de empresas de WM en Berlín, se vino abajo en 1933, cuando se tuvo que exiliar en París. Tras un primer momento de hiperactividad, con el Libro pardo y el contra-juicio de Londres, se fue haciendo prescindible para la IC y para la dirección del PC alemán. En la URSS, por entonces, empezó el terror. Sus antiguos protectores de la vieja guardia fueron cayendo, uno tras otro. En el partido, le apoyaba Pieck para frenar a Ulbricht. A las consecuencias del terror se añadían razones utilitarias. Por el protagonismo y los éxitos que había tenido en la etapa anterior, no podía seguir al frente de las nuevas actividades emanadas del VII congreso, en el que su organización fue disuelta, dentro de la reorganización del CE de la IC. Durante unos días de agosto de 1935, WM fue un mero dirigente del partido alemán sin un cometido específico. La repentina muerte de Barbusse aplazó su caída. Durante unos meses, le sustituyó en el organigrama de la IC, pero no en la práctica. El 18 de julio estaba en Moscú y supo de su caída. Más allá de dar el visto bueno, apenas pudo intervenir en las acciones de los primeros meses lanzadas por los comités de París contra la sublevación de los militares españoles. Responsables del Frente Popular francés, que tenía su propia dinámica, habían estado en Madrid el mes anterior.

Otto Katz, que había pasado dos años en Moscú (1931-33), huido de la policía fiscal alemana, trabajando para su jefe y mejorando su preparación como empleado de la IC en el exterior, se unió a él en París y fue su hombre de confianza hasta 1936. Antes de viajar a España en julio, había estado varios meses en los Estados Unidos, trabajando por cuenta de WM y la IC, cuyos intereses todavía coincidían. La guerra de España sorprendió a todo el mundo y fue una contrariedad para la IC, recién reorganizada y reorientada para no chocar con la política exterior de la URSS. La guerra sorprendió a Otto Katz en Barcelona ultimando los preparativos del I Congreso de la Unión Universal por la Paz que se iba a celebrar en septiembre en Bruselas. El azar le vinculó con el tema español desde el primer día y siguió dedicado a él cuando su superior fue relevado de sus responsabilidades en diciembre por su compatriota Bohumir Smeral.

El informe Smeral

El “Informe del camarada Smeral sobre su trabajo en París en 1937” se publicó en Communisme,  Les kominterniens I “Dossier Münzenberg”, nº 38-39, L’Age de l’Homme, 1994. El original debe rondar los 40 folios, procede del fondo documental de Smeral conservado por el Partido Comunista Checo y fue publicado en alemán en 1991. Se cita poco. Marcado como estrictamente confidencial, está fechado el 5 de enero de 1938. Bohumir Smeral (Chequia 1880 – Moscú 1941) había sido periodista y fundador del Partido Comunista checo. Trabajaba en el secretariado ejecutivo de la IC desde 1926. Entre 1928 y 1935, estuvo al frente de la secretaría de los países Balcánicos, dentro de la organización territorial que se modificó tras el VII Congreso. (P. Huber).

Recién llegado a Moscú, Smeral informó a sus superiores de lo que había hecho en París durante el año pasado allí. En diciembre de 1936, había sustituido a WM al frente del entramado de grupos relacionados con la IC. En la sede de Moscú no había un conocimiento muy preciso de las múltiples organizaciones, publicaciones y otras iniciativas, cuyos déficits de financiación cubría. Se le encargó poner orden en los hombres y en las cuentas, cuidando de minimizar las consecuencias negativas del relevo de Münzenberg. Un año después, todavía se esperaba que fuera a la capital rusa para incorporarse al trabajo en la central y responder por los cargos que pesaban contra él.  Como en otros papeles internos de la IC, ocupan mucho espacio las minucias y contratiempos que obstaculizaban el trabajo de la poderosa organización. Es una evidencia de cómo los actos de altruismo abnegado y sincero de muchas personas en Europa y América acababan siendo evaluados en Moscú en función de si se ajustaban a las directrices recibidas. También se ve la preocupación del informante por salvar su pellejo.

Su misión, en principio, era ocuparse del trabajo del Comité Mundial contra la guerra y el fascismo –mencionado por sus siglas y el apellido de su impulsor, Barbusse–, y de la Unión Universal por la Paz (Rasemblement Universel pour la Paix), RUP. Pero en París le esperaban una infinidad de asuntos más. Para resaltarlo, comenzó el informe con una relación caótica de ellos: “1. CM (prof. Langevin); 2. Comité mundial de las mujeres (Bernadette, Madame Duchene); 3. de la juventud (Marcel); 4. de los estudiantes (Victor); 5. del deporte (Klinger, Aksanit); 6. de los librepensadores (Jansen); 7. ediciones Carrefour; 8. Clarté; 9. Comité de coordinación para España (Prof. Basch); 10. Agencia España (Willi y Otto Katz); 11. RUP; 12. Amigos de la URSS (Inkpin); 13. Comité Thälmann (Nico, luego Horn y Herta, pseudónimos internos); 14. MOPR, Socorro Rojo Internacional (Bone y Bell); 15. Trabajo agrícola (Miglioli); 16. Asociación Internacional Revolucionaria del teatro (Arthur Pieck y Piscator); 17. Centro de los juristas (Willard); 18. Correspondencia balcánica, más tarde la Voz Europea (Richard, Erna); 19. Comité Prestes (M. Willard); 20. Internacional de los marinos (en liquidación); 21. Trabajo albanés; 22. Trabajo de los negros (Camil); 23. Comité chino (últimamente Cogniot); 24. Comisión de Propaganda (Thorez, Pollit, Julius Alpari y yo); 25. Revista Imprekorr (Julius Alpari); Noticias alemanas (Breitscheid, Frei, Braun); 27. Archivos y Biblioteca alemana de la libertad; 28. Diario del pueblo ilustrado (trasladado a Praga); 29. Mientras buscaba una solución definitiva para las ediciones Carrefour, me puse en contacto con las Ediciones Sociales Internacionales de París; 30. En Londres se mantienen formalmente todavía los restos seguros de la Liga Antiimperialista (Bridgman).” Sugiere que se considere si París está sobrecargado y lo conveniente que podría ser una descentralización por razones políticas. También han de reflexionar sobre qué utilidad podrían tener en caso de guerra.

En la lista hay cosas muy distintas. El Comité Mundial contra la Guerra y el Fascismo se quiso que fuese una instancia coordinadora de otros grupos más pequeños y limitados en sus fines. Apenas tenía tres años y, de momento, coexistía con la novísima U(R)UP, diseñada tras el último congreso, lo cual creaba desconcierto entre los responsables. Otros comités –mujeres, juventud, estudiantes, deporte-, parecen nuevas denominaciones para secciones orgánicas veteranas. El Socorro Rojo había asumido algunas tareas que antes eran de la organización de WM. Los amigos de la URSS databan de 1927. Los comités Thälman y Prestes fueron etiquetas para campañas de recaudación y propaganda, en torno a dos comunistas encarcelados en sus países, que habían dejado huella burocrática y contable. La revista Imprekorr era el órgano de la IC. Clarté, Claridad, era una revista de la IC pensada para Europa. Cita tres periódicos de exiliados más. Las ediciones Carrefour eran el sello utilizado por WM. Las Ediciones Sociales Internacionales era una editorial del Partido francés. El Archivo y la biblioteca alemana de la libertad y la Asociación Revolucionaria del Teatro parecen dos creaciones de WM que se conservaban. Es difícil saber mucho más del trabajo agrícola, el albanés, el de los negros, el comité chino, el de los juristas o el de los librepensadores.

Describe con pormenor sus trabajos personales. Participó legal y abiertamente en el CM. Creó una comisión de propaganda, de la que se deducen problemas de coordinación con los partidos comunistas. Ejerció una “influencia sistemática”, por medio de terceras personas, en los trabajos del RUP, para reorganizar otros grupos y asesorar publicaciones. Participó en las deliberaciones de los Amigos de la URSS, del Comité y del trabajo chino. Todas las resoluciones y los documentos importantes se redactaron y ejecutaron con su participación y bajo su responsabilidad. Cuando fue necesario, se entrevistó personalmente con los responsables, para examinar con ellos su trabajo y problemas, dando consejos, vigilando los plazos, pidiendo informes escritos y controlando los temas financieros. Cada organización o grupo informará en adelante al departamento correspondiente.

Las actividades del Comité Mundial y del RUP ocupan la mayor parte del interminable informe. Cita las diversas resoluciones del secretariado por las que se ha regido. Se extiende en los problemas de algunos cuadros y en los obstáculos insuperables para editar Clarté en alemán e inglés. Es prolijo cuando trata de lo que ha funcionado, cómo logró reconducir las desviaciones trotskistas de alguno de sus colaboradores (Langevin y Basch) o sus esfuerzos para que se informe adecuadamente de los juicios de Moscú, presentes en todo el documento. Otro de sus logros ha sido atraer al Comité a nuevos no comunistas. Entre los de confianza y dispuestos a colaborar cita a Romain Rolland, Langevin, Norman Angell, Heinrich Mann, Jean Richard Bloch, Malraux, junto a otros nombres menos conocidos.

El más elogiado de sus colaboradores es Francis Jourdain, el secretario general del CM. “Creo estar obligado a llamar la atención del secretariado sobre la significación de la sección francesa del CM, sobre la organización Paix et Liberté (presidida por Francis Jourdain). Es una organización de masas que podría cumplir tareas políticas importantes en el contexto del Frente Popular. En París consigue movilizar masas importantes para cualquier manifestación (comprendidas las de otras organizaciones de izquierda). Podría obtener resultados importantes si tuviera los medios, con la emisión y difusión de folletos y literatura.” Cree que su organización en provincias podría resultar útil en los conflictos que prevé próximos. “En todo caso, se necesita la mayor ayuda y el control del Partido para acelerar el trabajo del movimiento francés Paz y Libertad en provincias.”

Enumera con pormenor las acciones “españolas” organizadas o participadas por el CM: campañas para difundir la llamada de los católicos españoles y otras semejantes; protestas por la masacre de Málaga; conferencias de prensa, recepciones, envío de artículos y publicaciones. La relación ocupa más de una página y todos los actos parecen inflados. Pasa luego a la campaña sobre China que pusieron en marcha en septiembre. Dedica varias páginas al CM en los Estados Unidos, Canadá y Australia, se ocupa de las empresas de Münzenberg que habría que conservar y dedica un largo apartado a la UUP. La concesión del premio Nobel de la Paz a su cabeza visible, lord Robert Cecil, “elevó la autoridad del movimiento en los círculos de derecha, conservadores y religiosos”. Con el tema chino, cree, el RUP funcionará mejor que con el español.

Se refiere al final a lo relacionado con WM. Despidió al secretario de WM, Schultz, y rebajó a la mitad el sueldo de Babette. A la espera de instrucciones, siguen en nómina una mecanógrafa traductora y dos empleados. No se puede controlar la sociedad editora y, respecto a las oficinas del boulevard Montparnasse, aconseja desentenderse de ellas, aunque las pueda utilizar con fines adversos. Para dar el siguiente paso, el liquidador requiere instrucciones explícitas del ejecutivo. “Soy consciente de que en la situación actual, el estallido de un escándalo, por pasajero que fuera, en suelo parisino, sería incómodo. Por otro lado, personalmente pienso que no vendrá aquí (Moscú) para explicarse políticamente. La cosa se remonta a hace más de un año. Antes de que me vaya de aquí, se tendría que haber iluminado absolutamente lo que vaya a ocurrir con W. M.” En los últimos párrafos, deja fuera una serie de temas de los que prefiere informar de viva voz, entre ellos el de la Agencia España, en la que, cuando escribe, acaba de ser cesado Otto Katz.

La agencia España

La agencia España nació vinculada a Münzenberg, pero fue Katz quien dio los primeros pasos en Barcelona y se convirtió en su director en la sombra, ya que su nombre no aparece en los boletines. Fue un ente algo frankensteiniano. La tarea que ha dejado huella es el resumen de noticias que editó durante 1937, en el que daba las que el gobierno republicano quería, con el enfoque del Frente Popular que tenían los comunistas, cuidando de su repercusión en Francia y, en menor medida, en Inglaterra. La agencia España incluye de algún modo el resto de actividades de su director en París y en Londres, donde tenía un grupo de colaboradores y una oficina, sus viajes a España, solo o como acompañante, y las varias ediciones del libro La conspiración nazi. Fue un director absentista. Eduardo Ugarte respondió ante Ossorio por la agencia. A caballo entre 1936 y 1937, pudo servir también como tapadera de la participación española, junto al PCF y la propia IC, en el lanzamiento del vespertino Ce Soir, aunque Katz pudo quedar al margen de esa operación. Cuando el checo la dejó, la IC se desentendió de la agencia y, finalmente, fue reabsorbida en la burocracia republicana.

Para explicar por qué la embajada externalizó un servicio que podría haber sido atendido por su personal, hay que contar con que fue la tapadera de un vínculo, otro más, con los soviéticos y con la desconfianza entre los aliados frentepopulistas durante el primer año de guerra. Su estatuto no estuvo muy claro en el improvisado organigrama republicano. Mientras estuvo Vayo en Estado y Araquistain en París y ambos de acuerdo, quedó fuera del alcance del precario ministerio de Propaganda de Carlos Esplá y también del de Instrucción Pública del comunista Hernández, que hizo más propaganda que el otro. Con la agencia, la IC se aseguraba de que la información del conflicto procedente de España se acomodaba a sus intereses.

Sobre su puesta en marcha, los documentos publicados, sin haber visto los originales, confunden más que aclaran. Araquistáin informa al ministro Vayo el 31 de octubre de un plan hablado con WM para el que solicita un primer adelanto de medio millón de francos de un total de tres que se van a invertir. Añade confusión una carta de Münzenberg fechada un día antes en la que solicita al embajador documentación sobre los bombardeos en Madrid. Si WM estaba en Moscú por esas fechas, como parece, se tuvieron que reunir antes de su marcha. Lo más sencillo es que, en realidad, hablara con Katz y que lo hicieran cuando Miravitlles estuvo en París una semana antes con lo publicado por Mirador. La carta de WM, por lo demás, es muy rara y pudo tener otro sentido que el manifiesto. Es absurdo que un jefe escriba una carta a otro sobre un asunto que podría haber resuelto cualquier subalterno. Además, los bombardeos empezaron en Madrid a finales de agosto y se repitieron los meses siguientes.

Las dos cartas siguientes añaden más confusión. Vayo escribe a Araquistáin el 24 y el 25 de diciembre. En la primera, hay un plan complementario. Lo ha hablado con Ehrenburg y él se lo contará también a WM. Smeral acababa de aterrizar con poderes en París. Serrano (1987) relacionó estas cartas con el proyecto Ce Soir. El plan diseñado con Ehrenburg en Valencia, completa el de Willi, dice Vayo, de lo que se deduce que hay algo más. Se propone plantear el asunto del dinero a Negrín y Caballero está de acuerdo. Plantea la hipótesis de que la futura oficina ocupe la delegación de turismo y que atienda las necesidades en el resto de Europa. “Merece la pena, pues, gastar en un mes lo que podríamos haber calculado para cuatro.” En el primer trimestre de 1937, se destinó un millón de francos y en el siguiente, otro, que se sumaron a los 645.000 recibidos en 1936. El siguiente documento es una carta de Araquistáin a su concuñado y ministro, de abril, en la que habla de la agencia futura. Los más de dos millones y medio no se corresponden con el gasto que pudo ocasionar el funcionamiento de una agencia que no precisó mucha infraestructura. Ce Soir apareció el mes de marzo, tuvo cierto éxito e informó casi todos los días del conflicto español desde el punto de vista del gobierno apoyado por los comunistas.

La redacción estuvo, al principio, en la calle de la Ancienne Comedie, cerca del boulevard  Saint Germain. Poco después, se trasladó a los locales de Ce Soir, en la otra orilla del Sena, en la calle Quatre de Septembre. El receptor nominal anotado por la embajada fue un desconocido Jean Laurent, que suena como André Simone. Como gerente en los boletines aparece Jean Fouquet. Es el nombre del más ilustre de los pintores franceses del siglo XV y el firmante de una columna mensual en esos años en la revista Commune (Gubern y Hammond, 2009). Pudo ser pseudónimo de algún colaborador de la publicación, que había sido el órgano de la AEAR, en el que trabajó Louis Aragon de redactor jefe. Entre los colaboradores de la agencia, estuvieron Eduardo Ugarte, responsable en 1937 ante Ossorio y Gallardo; César Vallejo, Alejo Carpentier y algún otro, vinculados por las asociaciones de escritores pro-comunistas. Rubio Hidalgo sucedió a Katz y estuvo un año al frente. En el último tramo, su liquidación corrió a cargo de Miguel González, comunista, redactor y director de Mundo Obrero, el que escribió a Buñuel para que fuera al notario en 1934 y dos años después se fotografió con él junto con los Alberti, Lorca y Díaz.

De la versión más aceptada, la de Hugo García en su libro Mentiras necesarias y en dos artículos, hay que eliminar el vínculo basado en el cuento de Buñuel, por falso, y, por infundada, la idea de que el aparato de propaganda de la IC en París fuera una especie de agencia de relaciones públicas que suscribiera contratos de representación con los gobiernos. Ha de incorporar la presencia de Katz en Barcelona el 18 de julio y el arranque de su colaboración en la campaña de agosto con los documentos nazis en medios ingleses (The Manchester Guardian y News Chronicle), así como el asunto Ce Soir. Sobre WM, hay que tener en cuenta su situación desde julio, el siguiente viaje en octubre y noviembre y lo que ocurrió a su regreso.

Se tiende a cargar a Katz con tareas secretas nunca bien especificadas dentro de los manejos estalinistas en España. Pero no hay pruebas documentales de que hiciera tareas de mayor obscuridad que las relatadas. Jonathan Miles, para mantener la intriga sobre sus muchas vidas, recurre a la retórica y especula con el papel que le habría correspondido en crímenes y enredos sucedidos en zonas alejadas de su jurisdicción y competencia. Basta con repasar lo que se sabe que hizo, para ver que estuvo muy ocupado. Hizo repetidos viajes entre España, Londres y París, publicó las varias ediciones de La conspiración nazi, redactó otro libro sobre la política inglesa hacia la guerra española, y supervisó el trabajo de la agencia. Vigilaría además las actividades de los colaboradores europeos y americanos vinculados con Münzenberg para que no se notara su relevo.

El asunto no dejó huella en España. Katz quedó al margen y fue el único colaborador de WM que salió ileso de la purga. Que fuera checo como Smeral pudo contribuir a sus buenas relaciones. Podían haberse conocido en Praga o en Moscú, cuando era miembro del secretariado. Se pudieron volver a ver en París cuando WM volvió a Moscú. No cabe duda de que colaboró con él en la tarea de salvar algunas y desmontar otras de las empresas personales de WM en París. La edición alemana de la conspiración nazi salió en diciembre de 1936 en Carrefour, la editorial controlada por WM, mientras que la traducción al francés de 1938 apareció en Denoël.

No se sabe en detalle cómo se produjo el definitivo abandono de sus tareas españolas. Tuvo lugar durante el año que Vayo estuvo ausente del ministerio de Estado, sustituido por Giral. El sucesor de Araquistáin, Ossorio, era la cabeza española visible de la UUP, pero da la impresión de haber sido ajeno a la trama profunda y haber seguido el guión con su impronta personal. El cese de Katz pudo estar relacionado con los intentos del ministerio Giral, en parte ajeno a los manejos de Vayo, de racionalizar por su cuenta la propaganda en el exterior. Los fondos de que disponían iban menguando y el público europeo empezaba a estar saturado de la guerra en España. Además, por entonces, la IC empezó a llamar la atención del público sobre la invasión japonesa de China.

Louis Fischer

Su menor presencia en los cuarteles republicanos podría estar también relacionada con el papel que fue asumiendo el periodista americano Louis Fischer cerca de Negrín. No fue un relevo traumático y durante el resto de la guerra, Fischer le informó varias veces de sus gestiones pro-republicanas en Europa y los USA. Katz siguió dedicándose a influir en la prensa francesa e inglesa a través de sus colaboradores habituales –Buré, Tabuis, L’Ordre, Wilkinson, Atholl, Gollancz, New Chronicle, etc.–, los mismos que se dejaron influir un poco más tarde por Fischer.

En Men & Politics (1941), su autobiografía prematura, Fischer recuerda haber estado con Katz en Valencia, a finales de 1937, comiendo con el presidente Negrín y otros colaboradores. Dice que era un autor alemán dedicado a la propaganda en el exterior, de lo que se puede deducir que no le conocía muy bien o que no quiso dar detalles. No mucho después de este encuentro en Valencia, Katz desapareció al frente de la agencia. Pudo ser mera coincidencia. Fischer vuelve a mencionarle durante unas vacaciones que se tomó el verano siguiente (1938) en la Riviera francesa. Katz andaba por allí, con Ellen Wilkinson y Friedrich Wolf, un médico y autor teatral alemán, comunista, que había estado una temporada en la Brigadas Internacionales. Podría haber citado otros nombres conocidos que estaban en Sanary ese verano: Piscator, los Mann, Hans Eisler, Egon Kisch, Feutchwanger, etc. Todos eran amigos y habían sido colaboradores de Münzenberg. Dice que no quiso verles porque para él las vacaciones lo eran también de la gente.

Fischer fue en el tramo final de la guerra la persona más estrechamente vinculada con Juan Negrín. Se alojaba en la residencia presidencial y, sin duda por lo ocupado que estaba el resto del día, aprovechaba para hablar a solas con él en alemán a primera hora de la mañana, mientras el presidente utilizaba el cuarto de baño. Le acompañó en viajes al extranjero y, terminada la guerra, siguió a su lado, como asistente y relaciones públicas, durante meses.

La figura de Fischer es difícil de resumir porque tuvo una vida complicada y no hay una buena biografía sobre él. Si hubiera tenido un final más dramático, su personaje habría rivalizado con el de Katz en lo novelesco. La segunda parte de su vida, hasta su muerte en 1970, fue mucho más gris que la primera. Nacido en 1896 en Filadelfia, de padres judíos rusos, se hizo maestro y se alistó en la legión judía en Palestina durante la primera guerra mundial. En 1921, empezó a trabajar de corresponsal en Berlín y al año siguiente se instaló en Moscú, viviendo de lo que escribía para su lectores norteamericanos. Conocía y era conocido por todo el mundo en las capitales europeas. La amistad con Álvarez del Vayo pudo datar del primer año berlinés y reforzarse luego en Moscú.

Josep Pla estuvo con él en Madrid en dos ocasiones. Lo recordó en Notes disperses (t. 12. Pp. 326-7) para mofarse de él sin demasiada acritud. Ambos encuentros fueron en el Palace. El primero a comienzos de la II República. “Fischer era un joven de aspecto universitario y tímido, accesible, observador, agradable, inteligente.” Aunque creían que estaba en Madrid para contar los acontecimientos locales, volvió a Moscú a las pocas semanas, dice que por un nombramiento como corresponsal. Volvió a encontrarle Pla en vísperas de la guerra. Había cambiado poco su apariencia, aunque lo vio más flaco, pálido y nervioso. “Se había convertido en un hombre de difícil acceso, que hablaba escuchándose, reticente y sentencioso, desprovisto de la mínima forma de humor, de una pedantería incontestable. Álvarez del Vayo, que era amigo suyo, nos dijo a Rex Smith y a mi, apretando los dientes y hablando de la manera sibilina habitual: ¡Se comprende! Fischer es el mayor experto de los asuntos rusos que tiene el periodismo americano.”

Preston, en Idealistas bajo las balas, hace un retrato de Fischer durante la guerra. Destaca el rasgo de su personalidad más sobresaliente, su egolatría inconmensurable. Hace mucho hincapié en que no estuvo afiliado al Partido Comunista americano ni tuvo vínculos oficiales con la IC. Puede ser tan cierto como que, durante años, en diversas ocasiones y circunstancias, se desempeñó como un correveidile de confianza del Kremlim, aunque por egolatría y por su estatus periodístico nunca fuera un sumiso incondicional. Sólo se puede explicar su breve paso por Albacete como administrador de las Brigadas Internacionales, cuya naturaleza conocía perfectamente, recurriendo a la complejidad psicológica del personaje, propensa al olvido de sus límites y transgresiones.

Ione Robinson lo menciona en su libro A Wall to paint in como el referente de la bohemia radical de Greenwich Village en los primeros años treinta, sucesor de John Reed. Cuando Robinson empezaba a tener problemas con su primer marido, Fischer le echó una severa bronca por no supeditarse a la misión revolucionaria de su cónyuge. Preston destaca el mucho tiempo que dedicó a los asuntos de cama. Tenía, al parecer, un magnetismo enorme. Svetlana Alliluyeva, la hija de Stalin, le conoció en los Estados Unidos, cuando él había superado con creces los 70. Con 30 menos, ella se enamoró de él perdidamente. La relación acabó en escándalo público cuando Svetlana no pudo resistir que Fischer siguiera acostándose también con su secretaria.

Se consideraba un periodista objetivo, pero siempre fue un propagandista convencido, no sólo de la verdad de la profecía marxista-leninista, sino de su especial sagacidad para percibir las evidencias. Vino al comienzo de la guerra y a los pocos días le envió una carta a Largo Caballero con consejos militares y revolucionarios que fue estudiada con atención por el gobierno, como hizo con Koltsov. Luego, pasó dos meses en Albacete. Tan impetuoso como inconstante, pronto discutió con André Marty, un viejo conocido, y se largó. En uno de sus viajes a Moscú, donde seguían viviendo su mujer, rusa, y sus hijos, cuando la sangre ya salpicaba a todo el mundo, se desengañó de Stalin y se refugió en la causa de España, al lado de Negrín. Personaje multitarea, administró fondos del gobierno republicano, algunos de reptiles y otros destinados a repatriar a los brigadistas norteamericanos.

Se asomó al abismo cuando se enteró del pacto de Hitler y Stalin, pero siguió haciendo gestiones para Negrín y todo el mundo pensando que trabajaba, en realidad, para los soviéticos. Su Men & Politics deshizo algún malentendido y generó otros con sus indiscreciones. Dedica varias páginas al asunto del Vita, por ejemplo. Al año siguiente, encontró una causa sustitutoria. Tras entrevistar a Gandhi, se hizo su apologeta. Hasta junio de 1945, no dimitió de su puesto en The Nation por excederse, según él, en su filosovietismo. La revista se había escorado en buena parte gracias a que su buen amigo Vayo le había desplazado como consejero de confianza de la directora, Freda Kirchwey. En 1949, participó en The God that failed, la primera entrega de la guerra fría intelectual. Autor de biografías de éxito, sus últimos años los dedicó a tareas académicas como experto en asuntos rusos.

En México y el regreso a Praga

A primeros de abril, unos días después de que terminara la guerra en España, Katz se fue a los Estados Unidos, donde volvió a ver a sus amigos personales y políticos y prosiguió con sus campañas de recaudación y propaganda. Tuvo que regresar con urgencia a finales de agosto, tras hacerse público el acuerdo entre Stalin y Hitler. Le tocó defenderlo frente a sus antiguos compañeros que habían abandonado el partido con Münzenberg. Como muchos otros residentes extranjeros en Francia, fue arrestado con su mujer, pero logró que les permitieran salir desde Marsella hacia los Estados Unidos en los primeros días de 1940. Coincidieron en el barco con Jay Allen, viejo amigo de Fischer y suyo. Katz era bien conocido por los servicios de información de Europa y América y es posible que colaborara en algún momento con informadores franceses e ingleses. En noviembre, terminó su impunidad en los Estados Unidos y fue puesto en la frontera de México, donde pasó el resto de la guerra, junto a un grupo de exiliados de ideas afines y alejado de los adversarios que conocían su pasado. En México se refugiaron Babette Gross y Gustav Regler, entre sus viejos conocidos, junto a numerosos trotskistas, poumistas y libertarios.

Sus andanzas en México fueron descritas de modo hiperbólico en el libro Comunistas españoles en América, de Karl Rienffer, publicado por la editora Nacional de Madrid en 1953. Por lo que en él se dice, más allá de actuar como comunista encubierto en los círculos de compatriotas y colaborar con personalidades de la vida política mexicana, nada de lo que hizo parece haber sido constitutivo de delito grave. El chapucero pseudónimo oculta a un personaje que aparece en el libro. Cuando habla de una oficina que el Partido comunista tenía en La Habana en los primeros cuarenta, dice que estaba regentada por “uno de los más ardientes rusófilos cubanos, nombrado Miralles Bravo.” Rafael de nombre, nació en Guanabacoa en 1911. Fue empleado de banca en Barcelona, socialista, comunista y comandante en la guerra. De vuelta a Cuba, se había situado cerca de Batista y trabajado para el partido (PSP), que entró en el gobierno por entonces. Perdió la fe en un viaje a Rusia y acabó volviendo a España, donde escribió varias palinodias. En 1975, publicó sus Memorias de un comandante rojo. Falleció en Madrid en 1983.

Miles persevera en magnificar su actividad secreta en México, aunque menciona documentos de 1944 de los que se deduce que los servicios secretos no confiaban en él. También parece haber indicios de colaboración con la OSS, para la que, como se ha dicho, trabajaron varios de sus amigos. Terminada la guerra, en febrero de 1946, logró el visado para regresar a Checoslovaquia a través de los Estados Unidos. En el verano, viajó a París para la conferencia de Paz como corresponsal de un periódico de Praga. Con la entrada de los comunistas en el gobierno, fue asesor del ministro de Información. En 1947, organizó un festival de la Juventud Democrática. Al año siguiente, Gottwald se hizo con todo el poder del estado. Un antiguo colaborador le relacionó con el suicidio forzado de Masaryk, pero no consta que estuviera presente.

Praga volvió a ser una ciudad suprakafkiana a partir de 1949, cuando, tras haberles conminado a tomar el poder, los soviéticos decidieron que sus camaradas checos debían amoldarse con todas sus consecuencias al lecho de Procusto estalinista. El juicio de Slansky fue el más sonado de los 250 que se celebraron en dos años. Todo el mundo denunció a todo el mundo para tratar de salvarse. Katz empezó a ser vigilado en 1949. El ministro de Exteriores, Vladimir Clementis, para el que Katz trabajaba de asesor, cayó de los primeros. No tardó en perder su empleo en el Rudé Právo y se dejaron de publicar sus colaboraciones en otros medios. Fue interrogado sobre un compañero a comienzos de 1950. Admitió que podía haber cometidos muchos errores, pero nunca había hecho nada contra el partido. Pero con su currículo podían acusarle de casi cualquier cosa. Vittorio Vidali, el comandante Carlos del Quinto Regimiento, contribuyó con su testimonio para que fuera acusado.

Clementis fue detenido en febrero de 1951. Ese mismo año, la purga alcanzó a la policía política y el proceso se aceleró. En noviembre, fue detenido Rudolf Slansky, secretario general del Partido. Katz siguió en cuarentena, pero libre hasta junio de 1952, cuando se convirtió en el decimocuarto y último de los acusados en la trama sionista e imperialista de Slansky. En una de las palizas que recibió durante los meses de interrogatorios le rompieron la dentadura postiza. Se les aseguró que si cooperaban y se aprendían de memoria sus confesiones las condenas serían más leves. Su mujer también firmó su culpabilidad tras una noche de interrogatorio. El juicio empezó el día 20. Al tercer día, le tocó el turno a Katz y se autoinculpó, de acuerdo con el guión, dirigiéndose no a sus compatriotas sino al exterior. Cuando le escuchó por la radio, Koestler, que no creía en las casualidades, pensó que le estaba pidiendo ayuda en recuerdo de lo que había hecho por él cuando estuvo en circunstancias semejantes en Sevilla. Algunos pasajes de su confesión le parecieron calcados de los que él había puesto en boca del protagonista de El cero y el infinito.

El tribunal dictó sentencia al octavo día. Mientras esperaba ser ejecutado, escribió al presidente Gottwald reclamando su inocencia y desdiciéndose de lo que había confesado con torturas. En otro tono, le escribió a su mujer una carta que ella leyó diez años después, cuando el partido admitió que se había equivocado y que los acusados eran inocentes de los cargos por los que habían sido ejecutados en la horca la tarde del 3 de diciembre de 1952. Sus cuerpos fueron incinerados. Debido más a las inclemencias climáticas de aquel día que a la desidia o el ensañamiento, el saco de patatas que contenía las cenizas de los once ahorcados fue vaciado en un descampado no muy lejos de Praga.

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